La subida al cortafuegos del monte Culou solo era apta para valientes. Y los hubo. Los que sudaron la gota gorda para llegar a este lugar descubrieron unas vistas que quitaban el hipo. «El esfuerzo valió la pena», aseguraron Juan Manuel y María del Carmen, dos sonenses que terminaron el recorrido de los primeros. Aunque la subida se pensó para las personas con gran resistencia física, la organización se sorprendió al ver la gente que se decidió a emprender la aventura para la ver la ría de Noia en todo su esplendor.
Respiraron aire limpio e hicieron grandes amigos en el camino. Mereció la pena madrugar en sábado y calzarse las deportivas para descubrir todos los recovecos de la naturaleza barbanzana. MultiVoz dio un empujón a los más perezosos y les descubrió la belleza que rodea esta tierra, todavía desconocida para muchos vecinos que no han sentido el placer de empaparse del verde de estos montes. La ruta de senderismo larga fue mucho más que un recorrido para quienes disfrutan haciendo ejercicio al aire libre. Fue un ejemplo de superación y de compañerismo, porque en las subidas más difíciles siempre había alguien que tendía una mano para ayudar a avanzar. Más de veinte kilómetros de emoción.
El camino se dividió en cuatro tramos: A Silva-Soutoredondo, Soutoredondo-Vilacoba, Vilacoba-Cabanetán y vuelta al inicio. Más de veinte kilómetros de subidas y bajadas acompañadas de una única banda sonora: el ruido de los pájaros y el romper del agua de las impresionantes cascadas que se repartían por el recorrido. Precisamente, las inmediaciones del río Vilacoba y San Xusto fueron dos de los parajes que más llamaron la atención a los caminantes. También el monasterio de Toxosoutos, objetivo de muchos disparos de cámara.
Desde puntos inimaginables del territorio gallego llegaron a Lousame los senderistas más intrépidos. Hubo quien, incluso, se disponía a participar en otro recorrido el mismo día en el que se celebró MultiVoz.
Teresa Teira, una vecina del municipio vecino de Rois, aseguraba estar encantada con el desarrollo de esta prueba y emocionada con los paisajes. Aunque había estado en Lousame en otras ocasiones, nunca lo había visto de ese modo.
Entre bambalinas
Como si de un gran espectáculo se tratase, en MultiVoz nada se dejó a la improvisación. La organización trabajó a destajo para que todo estuviera en orden cuando llegó el momento de dar el pistoletazo de salida a los participantes. En el caso de la ruta de senderismo larga, el esfuerzo entre bambalinas no fue baladí.
Dos personas hicieron el recorrido corriendo una hora antes de que comenzaran a llegar los senderistas para velar por su seguridad y comprobar que todas las señalizaciones estaban en su sitio. Hubo que prestar especial atención en aquellas zonas que estaban resbaladizas. Aunque la lluvia no abandonó la comarca las vísperas de MultiVoz, como si fuera cosa de magia escampó para el gran día.
Una cita con la historia
No solo ambiental es la riqueza de este recorrido. Los caminantes se encontraron de bruces y casi sin darse cuenta con restos de la historia, como las antiguas fábricas de papel. Entre ellos compartían impresiones y entablaban relaciones que quizá sean duraderas.
Hubo, sin embargo, quien decidió hacer el camino en soledad, reflexionando y tratando de dejar atrás las penas. Los más mayores lo vieron como una forma de superación.
Barbanza se puso en ruta con La Voz. Solo así se entiende que una legión de vecinos se diesen cita ayer en Lousame para formar parte de un amplio programa lúdico: MultiVoz. Fueron cinco recorridos, dos de ellos de senderismo. En estos últimos, cada paso suponía una emoción. Las rutas, que dejaron al descubierto vistas espectaculares del paisaje barbanzano, guardaban grandes tesoros que entraban por los cinco sentidos: el olor y color amarillo de las chorimas; el sabor de un buen bocadillo para sobrellevar el camino; el ruido del agua del Vilacova; el tacto de los pies en el barro... Sentimiento en estado puro en dos trazados, uno de carácter lúdico y otro de mayor extensión.
Los barbanzanos y foráneos que participaron en la ruta de senderismo larga se llevaron gratas sorpresas. Quienes nunca habían visitado parajes como el del río Vilacoba se veían obligados a hacer un parón, aunque luego costara más coger el ritmo. Lo mismo les ocurrió en el monasterio de Toxosoutos o en el cortafuegos del monte Culou, al que solo se atrevieron a subir los más valientes. Una de las anécdotas la protagonizaron unos padres, que llevaban un crío en un carrito. «Espectacular, unha das camiñatas máis fermosas que fixen». Así hablaba un ribeirense en plena ruta.
En la ruta de senderismo corta las emociones también estuvieron a flor de piel. Cuando los cuerpos iban pidiendo un descanso, los caminantes, que habían partido de A Silva, llegaron a las minas de San Finx. Y no se pudo descansar demasiado. Una parada para el bocata y a bucear en el pasado minero de la comarca: lo hicieron visitando el museo y, sobre todo, asistiendo encantados a la recreación que los jóvenes del grupo de teatro municipal de Lousame hicieron sobre la actividad minera y cómo los gerentes británicos del yacimiento hacían alarde de su riqueza ante las narices de los pobres trabajadores. Luego se retomó el camino. Hubo tiempo para hacer amigos. Vecinos de Ribeira se fotografiaban con los de Noia, Rodeiro, Padrón o Rianxo. Se reían, disfrutaban descubriendo los tesoros verdes de Barbanza. Sin darse cuenta de que los tesoros más preciados eran ellos, los caminantes que






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